Michael B. Jordan: "Entiendo que si hubiera triunfado demasiado rápido al principio, me habría derrumbado mental y emocionalmente. Hollywood a menudo mastica y Michael B. Jordan: "Entiendo que si hubiera triunfado demasiado rápido al principio, me habría derrumbado mental y emocionalmente. Hollywood a menudo mastica y

Michael B. Jordan: ¿el favorito para ganar como Mejor actor en los Oscar 2026?

2026/03/14 04:00
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Con 39 años recién cumplidos, Michael B. Jordan se ha convertido en el nombre más pronunciado en los alrededores del Teatro Dolby, donde se celebrará este domingo una nueva ceremonia de los Oscar. No es casualidad, su interpretación de los hermanos Smoke y Stack en la multinominada Pecadores, de Ryan Coogler, fue la llave para su reciente reconocimiento. Dos gángsters en el tiempo de la Depresión en los Estados Unidos, dos hermanos de sangre con destinos separados. Pecadores es una película que combina los relatos de mafia, la tradición negra en el sur de Estados Unidos y las narrativas de vampiros como enclave de género para contar las historias ocultas del pasado. Las 16 nominaciones que marcaron un récord para la Academia también empujaron a Jordan al centro de atención. Actor, productor y en breve director de la tercera entrega de la saga Creed, que lo tiene también como protagonista, son credenciales suficientes para descubrir quién es, de dónde vienen su talento y perseverancia, y cómo fue ese largo camino hasta la alfombra roja que lo recibirá en estos días.

Pecadores se estrenó en cines en abril de 2025 y ya está disponible en una plataforma de streaming

Un niño en Hollywood

Michael B. Jordan no es un recién llegado a Hollywood. Su carrera comenzó con un pequeño papel en Los Soprano cuando apenas tenía 12 años y era un niño probando suerte en Los Ángeles. Oriundo de Newark, en Nueva Jersey, se inició en el camino de la actuación como un juego y un desafío a su padre, veterano de la Marina y escéptico respecto de la temprana decisión de su hijo menor. Sin embargo, pese a sus reparos, lo acompañó al casting para una campaña publicitaria, lo vio nervioso y agitado, y también comprendió la magnitud de su determinación. “Mis padres vienen de una generación en la que se valora estudiar y conseguir un trabajo con futuro”, recordaba en una entrevista con The Hollywood Reporter de hace unos años. Ese día, enfermo y débil, Jordan se desmayó durante las pruebas y su padre le recordó la experiencia años después. “’Bakari [la familia de Jordan lo llama por su segundo nombre], ahí supe que eras especial’, me dijo mi padre. ‘Descubrí que tenías la motivación necesaria, que estabas concentrado’”.

Ese fue apenas el primer paso; después llegó la mudanza a Los Ángeles, la entrada en The Wire de David Simon como el joven Wallace, un dealer con temprana astucia y destino trágico, luego su papel estelar y por largas temporadas en la soap-opera All My Children y el éxito en Friday Night Lights como un jugador de fútbol americano del equipo escolar de una pequeña ciudad de Texas. Pequeños pasos de juventud, el descubrimiento de las mieles y los sinsabores de la fama, la experiencia de madurar en esa vidriera que resulta la pantalla.

Como el joven Wallace en The Wire, de David Simon

En esos años se fue formando su carácter, su ambición, la conciencia de que la permanencia o el descarte podían ser fruto de un golpe de suerte antes que del talento y el sacrificio. Más tarde llegó Parenthood, en la que interpretó al novio de la joven Haddie Braverman (Sarah Ramos), la hija mayor de Adam (Peter Krause) y Kristina (Laura Graham). “Años después, entiendo que si hubiera triunfado demasiado rápido al principio, me habría derrumbado mental y emocionalmente. Hollywood a menudo mastica y escupe a la gente”, reflexiona el actor. “Así que Dios me dio lo que pude manejar en cada momento. Y una parte de mí piensa que hoy estoy recuperando el tiempo perdido”.

El encuentro con Ryan Coogler y una colaboración fructífera

En la entrevista con The Hollywood Reporter durante 2021, en vísperas de su debut como director en el rodaje de Creed III -que finalmente se estrenaría dos años después-, miraba, en el televisor de un hotel en Atlanta, la pelea de Canelo Álvarez y Caleb Plant como parte de la investigación sobre el mundo en el que estaba por sumergirse. La ortodoxia de Canelo en el manejo de los puños y la autoridad en los golpes generaban en Jordan un equilibrio entre la admiración y el análisis. “Su mano adelantada es su mano dominante, y es muy peligrosa”, explicaba al entrevistador respecto de las mismas estrategias que impuso al joven Adonis Johnson, protagonista del revival de la saga Rocky en la primera Creed (2015). Aquella película fue no solo artífice de su ascenso a la consagración, sino también del reencuentro con el director Ryan Coogler, con quien había colaborado en la indie Fruitvale Station apenas dos años antes. El binomio que han formado ambos partió de esa historia real, arraigada en las páginas sangrientas de la persecución de la comunidad negra en los Estados Unidos, y fue la actriz Octavia Spencer una de sus impulsoras, al participar como intérprete, ceder su salario y convertirse en productora, buscando inversores para financiarla.

Michael B. Jordan, en la serie Friday Nights Lights (2009-2011)

Aquella historia era la de Oscar Grant, un joven afrodescendiente que, en el último día de 2008, decide cambiar su vida para terminar en una brutal pelea con las autoridades en la estación Fruitvale de Oakland, en California. Fue el debut de Coogler en la dirección y el comienzo de la amistad con Jordan que continuaría en la saga Creed, en las dos películas de Pantera Negra para Marvel y en Pecadores. Para Jordan, era un salto a la mayoría de edad como actor, después de varias series, alguna película menor y una breve aparición en Red Tails (2012), de la franquicia Lucasfilms, que lo unió a Cuba Gooding Jr. y Terrence Howard como parte del primer cuerpo de pilotos del ejército de los Estados Unidos que combatió en la Segunda Guerra Mundial. Pero, lo que parecía ser un camino hacia el merecido éxito tras su deslumbrante interpretación de Wallace en The Wire, apenas dio pie a una serie de apariciones de un episodio en series como House, Cold Case, Bones y La ley y el orden para mantenerse activo en Los Ángeles. “En secreto, me sentía excluido e ignorado”, recuerda sobre ese período. “Y creo que eso me llevó a exigirme aún más en un trabajo cada vez más demandante. Como diciendo: ‘Ya van a ver lo que voy a conseguir’”.

Una nueva era

Es interesante cómo la consolidación de Michael B. Jordan como un actor de renombre coincidió con el avance de los derechos raciales en la era Obama y la apertura de Hollywood a nuevas narrativas. A diferencia del camino de Denzel Washington, actor con el que Jordan es comparado habitualmente por el perfil de personajes que interpretan y por su condición de héroe de acción en películas populares, Jordan no tuvo un recorrido tan espinoso y los tropiezos de su maestro fueron una enseñanza para el discípulo. De hecho, cuando Washington lo dirigió en Un diario para Jordan (2021), la historia de un sargento destinado a la guerra en Irak a partir del diario que escribe para su hijo, Jordan había rechazado varios papeles de héroe romántico y esta vez fue el nombre de Washington y la historia escrita por Dana Canedy, ganadora del Premio Pulitzer por esas memorias inspiradas en el diario de su prometido muerto en Bagdad, las razones que lo convencieron.

Como Adonis Creed

“Denzel perfeccionó su rol de ‘protagonista’. Siempre parecía decir: ‘Voy a dominar esto’ y finalmente lo conseguía. Esa distinción lo llevó al punto de ser universal y capaz de hacer cualquier cosa”, detalla con admiración el actor. Pero también es consciente de que esta época le brinda ventajas respecto de su antecesor y con quien a menudo lo han comparado. “Hoy ser joven, negro y exitoso —y disruptivo— en esta industria exige astucia en la travesía hacia donde uno quiere llegar. Este es el momento más abierto que hemos tenido y es importante intentar aferrarse y permanecer en él el mayor tiempo posible”. Y eso se hizo evidente en esta temporada, no solo por las múltiples nominaciones de Pecadores sino por la condición de hijos pródigos de la comunidad que destilan él y Coogler. “Coog —como llama afectuosamente al director— siempre ha sido un pionero”, reconoce Jordan en una entrevista con Vanity Fair de noviembre del año pasado. “A veces, a los directores les gusta imponerse ante lo demás, pero no a Coog. Siempre estamos en sintonía y entendiendo cómo es la visión compartida del éxito. Y librando una batalla cuesta arriba para lidiar con el menosprecio y la subestimación. Ambos quisimos centrarnos en el trabajo y dejar que esas cosas hablaran por sí solas”, concluye.

En 2020 había sido coronado el “hombre más sexy del mundo” por la revista People, en febrero del 2021 interpretó a una encarnación fantástica de Alexa en un anuncio del Super Bowl (como parte de su acuerdo comercial con Amazon Studios para proyectos de televisión y cine entre los que figuraron Sin remordimientos, thriller de acción del 2021), y en 2022 adquirió una parte minoritaria de un club inglés de fútbol y se convirtió en inversor en la firma Alpine de F1 junto a los actores Ryan Reynolds y Rob McElhenney. También desde 2016 estableció en el mercado su productora Outlier Society, que le permitió oficiar de productor ejecutivo de todos sus proyectos desde esa fecha, con la excepción de Pantera Negra (2018) y Pantera Negra: Wakanda Forever (2022), ambas producidas por Disney-Marvel.

Con Chadwick Boseman en Pantera negra (2018), también dirigido por Ryan Coogler

Ya en su calidad de estrella, Jordan insistió en los últimos años en sumar una cláusula de inclusión en sus contratos, logrando que su productora y los estudios con los que trabaja coincidan en buscar equidad y transparencia en la conformación de equipos y en las contrataciones. Y si bien ha utilizado su influencia para campañas por justicia racial, como la organizada por la ONG Color Of Change, liderada por Rashad Robinson —con quien ha organizado la campaña #ChangeHollywood en los tiempos posteriores a la cuarentena y el asesinato de George Floyd—, tampoco quiso convertirse en un superhéroe a los ojos de la prensa oportunista. “Soy consciente de los riesgos que supone el ser considerado un salvador o usado como ejemplo de progreso superficial. Lo cierto es que no quiero ser el único que valida y arregla las cosas de los demás; es un trabajo que requiere el compromiso y el consenso de muchos”.

A la campaña para el Oscar de este domingo por la doble interpretación de los gemelos Elías y Elijah Moore —cuando le preguntaron cómo hizo para diferenciar a los gemelos idénticos que interpreta en la pantalla, contestó que llevando zapatos de diferente talle. “Como Smoke lleva el par más apretado, es centrado y no se mueve demasiado, mientras que Stack es más aventurero y curioso, propio de llevar los pies ligeros”-, se suman el final del rodaje de una nueva versión de El caso Thomas Crown en la que oficia de director además de actor -“para Crown fue un todo un reto dividir mi tiempo y estar en todos los lugares donde necesito estar, aunque creo que lo hice bien”-, y nuevos proyectos como una secuela de Soy leyenda, las primeras conversaciones sobre su participación en un remake de División Miami -otra, además de la de Michael Mann de hace ya unos años- y, por supuesto, la cuarta parte de Creed que lo tendrá nuevamente en la piel de Adonis Creed y como director detrás de las cámaras.

Creed III lo tuvo por primera vez detrás de las cámaras como director

El posible triunfo de Michael B. Jordan en los Oscar, junto con un número considerable de estatuillas para Pecadores, confirmará lo efectiva de su alianza con Ryan ‘Coog’ Coogler, lo vigente que puede mantenerse una personalidad de aura clásica como en los 90 fue la de Denzel Washington y el valor que Hollywood otorga a las dobles interpretaciones y al riesgo que implica el cruce de géneros y la apuesta a un cine de amalgamas y mutaciones. Jordan está preparado para todo, para seguir si el resultado es adverso y toca pensar en próximos proyectos sin la estatuilla en el estante de alguna vitrina, y para confirmar que los vítores del éxito no garantizan un camino de rosas, sino la espera de la próxima espina. Porque, como decía la canción de Brindis al amor, ¡That’s entertainment! Y a seguir.

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