En México, un socavón basta para doblar un rin y dejarte varado en plena avenida. El daño suele llegar sin aviso y la reparación cae en la cuenta del conductor. Al norte, Texas ensaya otra ruta: un tramo en Rockwall ya usa asfalto con plástico reciclado, pensado para resistir mejor el calor y el tráfico pesado.
El contexto no es menor. Cada año el planeta produce más de 400 millones de toneladas de plástico y menos de 10% vuelve al ciclo. El resto termina en vertederos, incineradoras o disperso en el ambiente. Para Sahadat Hossain, ingeniero civil y director del Instituto de Residuos Sólidos para la Sostenibilidad en la Universidad de Texas, esa cifra también era materia prima.
Tras años de trabajo, su equipo logró un asfalto modificado que ya se prueba en un tramo de poco más de un kilómetro. La receta cambia parte del betún, mejor conocido en México como chapopote, tradicional por plástico fundido de residuos cotidianos, como bolsas y botellas. El objetivo es directo: un firme que dure más y pida menos obra.
El proceso arranca con limpieza y triturado hasta lograr escamas pequeñas. Luego esas escamas entran a la mezcla con asfalto a alta temperatura, hasta que el material se funde e integra en la matriz del pavimento. En Rockwall la mezcla reemplaza entre 8 y 10% del betún.
El tramo de prueba usó cerca de 4.5 toneladas de residuos plásticos por kilómetro en un solo carril. En términos técnicos, el plástico funciona como refuerzo y aporta flexibilidad y resistencia térmica. Esa cualidad pesa en Texas, donde el termómetro supera con facilidad 38 grados en verano y el betún se ablanda.
Hossain sostiene que un pavimento con menos grietas soporta mejor el paso de carga pesada y reduce intervenciones y costos de mantenimiento. En pruebas del campus y en vía abierta, el firme se mantiene en buen estado pese al calor extremo. Si ese desempeño se repite, la ventaja llega en forma de menos cierres y menos llantas ponchadas.
Equipo de trabajoj de Sahadat Hossain, ingeniero civil y director del Instituto de Residuos Sólidos para la Sostenibilidad en la Universidad de Texas.
Cuestión de dinero y mejor plástico
El dinero explica la urgencia. Con carreteras en mal estado, la reparación de un kilómetro puede rozar 116,945 dóalres, 2,024,084 pesos aproximadamente, si exige rehabilitación estructural completa. Con un déficit de conservación por arriba de 15,700 millones de dóalres, cada año extra de vida útil significa presupuesto libre para otras obras y menos riesgo para quien maneja.
El proyecto de Texas aún enfrenta retos. Para crecer necesita plástico bien clasificado y un suministro estable, y el equipo analiza qué pasa con el paso de los años. Las primeras mediciones señalan una liberación mínima de microplásticos, muy por debajo de la que generan los neumáticos al rodar. Si la escala confirma la promesa, el saldo luce claro para calles que hoy castigan a diario en México: menos basura acumulada, menos dependencia del petróleo y pavimento que aguante más.

