RÍO DE JANEIRO.- Thiago Tirante no dudó cuando Javier Frana lo llamó para preguntarle si estaría disponible para viajar a Corea del Sur en los primeros días de este mes, a disputar la serie de Copa Davis. El platense sabía que aceptar la propuesta del capitán significaba, seguramente, perderse el ATP de Buenos Aires. Sin embargo, no lo dudó: optó por desechar otros compromisos y debutar en la competencia por la Ensaladera. Fue el single 1 en Busan, ganó un partido y perdió otro; la derrota 3-2 ante los asiáticos, por los Qualifiers, actuó como un mazazo anímico, pero lejos está de arrepentirse por la decisión.
La semana pasada, al llegar a Argentina desde Asia, golpeado por el jet lag, visitó un día el Buenos Aires Lawn Tennis Club y, a las pocas horas, viajó a esta ciudad, para competir en la segunda estación de la gira sudamericana, el Río Open. Y tuvo premio. Debutó derrotando al chileno Cristian Garin (campeón del torneo carioca en 2020) por 7-5 y 6-3. Fue su primer éxito en un cuadro principal de un torneo de categoría 500. Hoy, no antes de las 19, en el court central Guga Kuerten, tendrá un desafío muy demandante, por los 8vos de final: ante Francisco Cerúndolo, el flamante campeón de Buenos Aires y primer preclasificado en Río, que ayer venció a Mariano Navone (6-3 y 6-4).
“Contra Garin fue mi primer partido en polvo de ladrillo después de varios meses (desde octubre, en el Challenger de Costa do Sauípe). Había terminado el año en cemento y lo empecé en esa superficie que, a mí, me encanta. Mis primeras victorias importantes, mi primer Future, mi primer ATP 250, primer main draw, mi primer partido de Masters 1000… fueron todos en cemento”, apuntó Tirante (92°, 24 años), ante LA NACION, en el Jockey Club Brasileiro.
Número 1 como junior, en diciembre de 2019, Tirante siempre fue espigado, con más altura y potencia que los argentinos de su generación. Su estilo de juego, muy agresivo y casi sin levantar la pelota para conversar y acomodarse en el punto, le trajo dolores de cabeza durante su formación. Pero hoy lo valora. “Desde chico siempre me gustaron las canchas de polvo rápidas o el cemento. En Argentina casi no hay torneos de menores en cemento, pero desde los primeros torneos me di cuenta de que mis golpes iban mejor ahí, que mi saque hacía más daño. Mis tías (Vanesa y Valeria), que me formaron en un club privado de mi abuelo en La Plata, lo hicieron así. Siempre era el más alto, siempre fui el que más buscó, pero el que más erró; perdí muchos partidos por buscar, me frustré de chiquito porque perdía partidos por arriesgar. Me decían: ‘Tranquilo, en el futuro te va a dar buenos resultados’. Pero no la veía, me quería morir. Con el tiempo las cosas se fueron acomodando”, dijo Tirante. Su tarea en el Río Open ya le aseguró llegar a su ranking más destacado: 83° (+9), que seguirá aumentando dependiendo de la rueda que alcance.
-¿Cuáles son las razones de tu crecimiento en el tour?
-Siento una evolución en mi juego, pero siento que maduré muchísimo mentalmente en el último año. Era lo que me faltaba para terminar de consolidarme. Ahora todo el tiempo me veo mejorando, aunque sea un poquito. Los partidos los gano o los pierdo, pero en forma mínima. Este crecimiento es trabajado y buscado. Con Pablo [Pécora, psicólogo que trabajó, entre otros, con Gastón Gaudio y Juan Martín del Potro] venimos trabajando desde hace dos años. Esa parte, la emoción, siempre me costó de chiquito y creo que con él pude encontrar una sintonía y una confianza constructiva. Hay mucho mérito de mí y del equipo (Miguel Pastura es su coach principal) para salir de la zona de confort. Las charlas que tenemos con el Colo Pastura y con Pablo son muy profundas y sacamos mucha información.
-¿Cómo describís la experiencia en la Copa Davis?
-La describiría como... (piensa). Si tuviera que decir una palabra sería ‘increíble’. Se dieron muchas cosas para que vaya, es verdad, pero me llené al máximo, lo disfruté, pude aprender mucho del cuerpo técnico y de los chicos que viajaron. Me hubiera encantado vivir la experiencia en Argentina, pero le dio un condimento especial jugar allá, tan lejos, tratando de sobreponernos a las adversidades. La cancha estaba muy rápida, con pique muy bajo, pelotas pesadísimas. Más allá del resultado, me dio confianza. Fue duro porque… el año pasado no me imaginaba estar debutando tan pronto en la Copa Davis, pero me encontré con esa situación y no pensé que la iba a enfrentar tan bien. Creo que hice dos partidos muy buenos [venció a Hyeon Chung por 2-6, 7-5 y 7-6; cayó contra Soonwoo Kwon por 6-4, 4-6 y 6-3], creía que no iba a poder jugar tan bien por los nervios naturales, pero pude adaptarme, sacar lo mejor de mí y estar a la altura. Más allá de la tristeza por la derrota, me dio orgullo poder enfrentar la situación después de todo lo que se habló [a partir de las numerosas ausencias].
-¿Qué fue los que más les llegó de lo que se habló?
-Llegó lo bueno y lo malo. Desde ‘llevaron al equipo C’ a ‘los héroes de Busan’. Siempre en los medios, en la gente, en las redes hay gente que habla sin saber y uno tiene que ser inteligente a la hora de tomar una opinión. Lo resolvimos muy bien entre todos, nos aislamos mucho con Javi (Frana) y con Edu (Schwank), yo fui con el Colo (Pastura), Fede Gómez fue con el Coreano (Gastón Briano), creo que hicimos un gran trabajo en equipo, nos blindamos, nos enfocamos sólo en el juego. Para mí lo hicimos increíble. Se nos escapó, ellos jugaron bien, nos ganaron bien. Vimos partidos con Javi y ellos no estaban jugando ni la mitad de lo que lo hicieron, ahí se sintieron como pez en el agua, con un nivel súper alto. Dimos nuestro 100% y no alcanzó, esa fue la parte más triste.
-Al final de la serie tuvieron una charla emotiva y grupal, antes de despedirse y emprender cada uno su destino. ¿Cómo fue?
-Lloré, lloré mucho. Hablamos todos. Fue un desahogo bastante fuerte por lo que venía siendo la semana, con nervios e incertidumbre sobre lo que podía pasar. Como dijo Javi, que me quedó: ‘La Copa Davis es el cielo o el infierno, no hay punto medio’. Y nos tocó escribir la página mala y fue muy triste. Me quedo con la importancia y la certificación de que todos dimos lo máximo, hubo compromiso de todo el equipo. Hubo confianza. Se desdramatizó, algo que nos pidió Javier también. Dimos lo mejor. Es lo que más me quedó de la semana.
-¿Te gustaría volver a jugar la Copa Davis?
-Sí, me encantaría. No lo tomaría como una revancha de lo que pasó en Corea, eh. Ya me saqué de encima la mochila del debut, que nunca es fácil. Me encantaría volver a sentir lo mismo, a ponerme la camiseta que diga Argentina y sentir orgullo. Tengo un montón de fotos del viaje que las sigo viendo cuando voy en el avión sin conexión. Fotos de los partidos, de la campera que dice Thiago Tirante y el número de jugador debutante (92), de las zapatillas rotas del primer partido, que las guardé. Me encantaría volver a ponerme esa camiseta. Dicen que las primeras experiencias nunca se olvidan y pasó eso.
-¿Recibiste el apoyo de tus colegas en forma privada?
-Sí, sí, recibí constantemente mensajes de apoyo de la gente más cercana y fue muy gratificante. También de mucha gente que, quizás, no me conocía y se quedó en la madrugada mirando los partidos. Hubo gente que me conoció ahora. Me pasó yendo el otro día en el ATP de Buenos Aires, fue muy loco porque soy una persona normal, pero iba caminando al Lawn Tennis y me decían: ‘Thiago, Thiago’. Yo me daba vuelta y me decían: ‘Gracias por representarnos en la Davis, sos un capo’. La verdad que lo hice por todo: por el país, por el tenis argentino, por mí, se dio la circunstancia y cuando Javi me llamó le dije que sí enseguida. Armé el calendario pensando en eso, porque después de Australia me fui a jugar un Challenger a Baréin, y después a Busan. Si volvería a pasar, lo haría de nuevo. No lo hice para ayudar a nadie, sino por el país, por mi carrera, porque me necesitaron y dije: ‘Sí, obvio’. No me dio el tiempo para jugar el ATP de Buenos Aires, es verdad, pero no me arrepiento de la decisión que tomé.


