El aumento del calor extremo puede impactar directamente en el organismo. Investigaciones científicas recientes muestran que vivir durante años en entornos con temperaturas elevadas tiene consecuencias en el cuerpo, hasta el punto de acelerar el envejecimiento biológico.
El fenómeno es más relevante en personas mayores, cuyo sistema de regulación térmica pierde eficacia con el paso del tiempo, lo que convierte el calor crónico en un factor de estrés fisiológico constante.
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En la sangre existen marcadores químicos que revelan el estado real de las células, una especie de registro biológico del desgaste acumulado por el cuerpo. A este cálculo se le llama edad epigenética.
La exposición frecuente a temperaturas intensas altera esos marcadores. El estudio reveló que quienes residen en zonas con calor persistente presentan una edad biológica superior a la cronológica, incluso tras considerar variables como ingresos, hábitos o nivel educativo.
El hallazgo muestra que el efecto es progresivo y que no provoca síntomas inmediatos evidentes, pero sí suma presión celular con el paso de los años. El cuerpo se deteriora antes cuando el estrés térmico forma parte de la vida diaria.
Con la edad, el organismo pierde capacidad para disipar calor. La sudoración resulta menos eficiente, el sistema cardiovascular trabaja con mayor exigencia y riñones y circulación soportan una carga adicional. Este esfuerzo continuo convierte el calor en un estresor biológico prolongado.
Además, muchos medicamentos habituales en personas mayores interfieren en la regulación térmica o en la sensación de sed, lo que incrementa el riesgo de deshidratación y sobrecarga interna.
Entre los efectos que los investigadores relacionan con esta presión térmica sostenida destacan:
Para evaluar la exposición real, los científicos emplean el índice de calor, que combina temperatura y humedad. Este indicador refleja mejor el impacto térmico sobre el cuerpo que la temperatura aislada. El análisis identifica que vivir en zonas con más de 140 días al año por encima de los 32 °C se asocia con un adelanto de hasta 14 meses en la edad biológica frente a climas más templados.
Aunque la diferencia parezca moderada, ese margen resulta suficiente para aumentar el riesgo de enfermedades crónicas antes de lo esperado. El calor aparece como un factor ambiental de gran peso, comparable a otros estresores conocidos.
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