La falta de competitividad de la economía local es evidenteLa falta de competitividad de la economía local es evidente

Un regreso, a medias, a los años 90

2026/02/06 18:49
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Amediados de 2023, Peabody, la marca de electrodomésticos que fundó en 2003 el empresario coreano Dante Choi, anunció con bombos y platillos la relocalización de sus operaciones de Hurlingham a una planta en La Tablada, en el partido de La Matanza, que había pertenecido hasta entonces a la norteamericana Whirlpool. La realidad, sin embargo, cambió y rápido en la Argentina. En silencio, el último año, gran parte de la operación de la empresa de electrodomésticos fue trasladada a Paraguay, donde a fines de 2025, con la presencia del presidente Santiago Peña, inauguró su nueva fábrica. Desde allí, con el sello Mercosur, la empresa ya exporta a Brasil y la Argentina.

“En Paraguay –reconoce Choi– no pagamos IVA, Ingresos Brutos (en la Argentina, de 1,75%), no pagamos arancel de importaciones (de entre 18 y 20%), no hay impuesto al cheque ni tasa de seguridad e higiene ni tributamos tasa estadística (del 3% en el país). Además, el salario es de 500 dólares versus 2000 dólares en la Argentina si considerás el costo de los despidos y los juicios laborales. Solo la ART encarece entre el 4 y el 12% el costo salarial”, enumera el empresario. Junto con Peabody, dice Choi, se instalaron en Paraguay dos de sus principales proveedores.

“Desviamos nuestra producción a Paraguay; de nuestros proveedores, dos fábricas se fueron para allá. Entre las tres nos juntamos para armar el proyecto industrial. Sin ellas, no podemos trabajar. La fábrica en la Argentina la tenemos produciendo una cantidad muy limitada de productos. Lo grueso lo hemos desviado a la nueva planta”, admite. “Son artilugios para sobrevivir en este contexto”, se sincera.

El caso de Peabody es apenas una muestra de lo que está sucediendo en algunos sectores industriales que durante años se desarrollaron en el marco de una economía cerrada, de las más proteccionistas del mundo. Sin embargo, también refleja otro de los tantos problemas que el Gobierno intenta abordar, aunque tal vez no lo esté pudiendo hacer con la velocidad que demanda el cambio de reglas de juego que al mismo tiempo propone. La economía argentina sigue siendo muy poco competitiva.

Nadie duda de que la apertura de la Argentina al mundo es necesaria; el dilema está en el proceso. Tras una fuerte polémica, así se lo hizo saber de manera elegante Paolo Rocca, mandamás del Grupo Techint, al Gobierno. “Sin lugar a dudas, la Argentina debe abrirse al mundo y nosotros apoyamos este proceso. Pero la forma en la que nos abrimos nos parece muy importante”, dijo en una carta el empresario, que nació al amparo del Estado, pero ya hace tiempo logró su independencia.

El anuncio, el jueves, del acuerdo comercial con los Estados Unidos es un buen paso, aunque al menos por lo que trascendió, parecería que son más las concesiones que realiza el país que las que ofrece la administración Trump. Una simple búsqueda en el documento lo demuestra: las palabras “La Argentina deberá” ( Argentina shall) figuran 113 veces, contra apenas 10 de “Estados Unidos deberá” ( United States shall). Claro que no es una negociación simétrica. Así y todo, habrá algunas industrias, como la de la carne, que tendrán mejores perspectivas con la apertura de un mercado anual adicional de 80.000 toneladas. Hay otras, como la farmacéutica, la láctea o de alimentos, que enfrentarán mayor competencia (enhorabuena, algunos; otros, no tanto). Tampoco ofrece definiciones sobre los aranceles adicionales que se les habían impuesto al acero y al aluminio argentinos. La puja recién comienza.

Más lento viene el masticadísimo acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Países como Alemania, que motorizan el acuerdo, especulan con la posibilidad de que el capítulo comercial entre en vigencia de manera provisional. Hoy, admiten en círculos diplomáticos, la agenda comercial es lo único que mantiene vivo al bloque. Hay posibilidades de avanzar en conversaciones con Canadá, Japón, Indonesia, Vietnam, Reino Unido y China. El mundo se reconfigura más allá de la órbita de Trump, que, aunque lejos de emular la apertura comercial mileísta, sí le da ideas a la administración libertaria para su batalla cultural. La Oficina de Respuesta Oficial, que lanzó ayer el Gobierno para responder a las fake news, tiene su versión original en la página de la Casa Blanca: “Rapid Response”, se llama en la red X. Es cierto eso de que en la Argentina pocos crean cosas nuevas. No solo los empresarios. En general, somos buenos copiando lo que ya es exitoso afuera.

En cualquier caso, la falta de competitividad de la economía local es evidente en casi todos los frentes. No caben dudas de que la reforma laboral e impositiva son ineludibles. En privado, los gobernadores aseguran que acompañarán el texto de la laboral en general, pero está claro que en particular –sobre todo en lo que hace a los impuestos coparticipables, como Ganancias–, el debate no está saldado. “No podemos seguir perdiendo ingresos –justificó un caudillo de origen peronista–. El consumo está por el piso, no hay obras, no podemos ceder mucho más”, aseguró. La mesa política del oficialismo opera a destajo para intentar seducir a los caudillos provinciales. La semana que viene están convocados los gobernadores del norte, como Gustavo Sáenz y Osvaldo Jaldo. Por ahora, nadie quiere estar en la foto.

También en el sector privado los lobbies están a tono con el momento. Los bancos especulan con que, en el texto que prevalezca en el Congreso, se modifique el artículo 35, que permitía a las billeteras virtuales poder incorporarse al negocio del pago de salarios. “Es un insumo clave para el crédito”, esgrimen. Otros que están acostumbrados hace años a cazar en el zoológico, pero también bajo reglas de juego dantescas que no muchos jugadores internacionales están acostumbrados a tolerar.

La i ndustria - ya no importa cuál- espera que en algún punto el Gobierno termine por explicitar cuáles serán las reglas de juego de ahora en más. ¿Habrá sectores que buscará favorecer, como sucede en cualquier país del mundo? ¿Cómo será la reconversión de aquellos que dejarán de subsistir? ¿Habrá amortiguadores sociales? Con el consumo todavía aletargado, no es mucho el margen que hay para esperar. Incluso, la industria automotriz, de buen diálogo con el Gobierno, especula con que tarde o temprano le reduzcan, tal cual se les prometió, las retenciones a las exportaciones.

Por lo pronto, porque no parece tan evidente que la economía crecerá, como sucedió en 2024, gracias al impulso del financiamiento privado. La mora en los bancos sigue alta –sobre todo en lo que hace a carteras de créditos de individuos y los préstamos en lo que va del año vienen creciendo algo por debajo de la inflación. Según datos del Banco Central, crecieron 2,1% en el último mes. Más allá de cuál sea el indicador que vaya a presentar finalmente el Indec, las proyecciones privadas se ubican algo por encima de ese número.

Pese a que el Gobierno impulsa a que los bancos puedan darles mayores usos a los dólares que captan del público –hoy no se pueden prestar más que a quienes generan dólares–, no todas las entidades bancarias están dispuestas a asumir el riesgo. “La mora subió más en individuos de lo esperado. La gente paga por los servicios tarifas que antes no pagaba y el salario real no subió”, reconoce un banquero de una entidad líder. “El tema hipotecas tampoco está resuelto, porque llegamos a un límite en que no hay a quién vendérselas.

Antes se securitizaban y se vendían a las AFJP. Hoy no hay un mercado de capitales a 20 años, con lo cual no tenemos fondeo para nuevas hipotecas”, resumió. Las cámaras bancarias hicieron el planteo en reuniones con Finanzas –la alternativa que plantearon era usar el fondo de garantía de la Anses–, pero no tuvieron suerte. “Nos dijeron que buscáramos fondearnos entre privados, pero nadie todavía quiere tomar dólares afuera para prestar hipotecas que ajustan por CER acá”, concluyó.

El temor a perder el empleo, que escala posiciones entre las principales preocupaciones de los argentinos según la mayoría de las encuestas privadas, no ayuda tampoco para fomentar el consumo, aun entre quienes tienen algo de resto. Nadie sabe cuándo le llegará el telegrama. El Banco Nación, por caso, arrancó un nuevo proceso de retiros voluntarios. Se especula con que podría buscar recortar unos 1200 empleos. Según datos del BCRA, el principal banco estatal ya redujo su plantilla de 17.515 personas, en diciembre de 2023, a 15.585, en septiembre pasado, último dato disponible. El banco aspira a mejorar sus números para salir al mercado lo antes posible con un bono por US$ 600 millones.

En la industria financiera se espera una fuerte consolidación de nombres. En los próximos días, Bacs, la entidad de segundo piso del Banco Hipotecario, anunciará la venta de su gestora de fondos a la brasileña Vinci. Otras conversaciones que hubo en el verano quedaron truncas. Como la del Banco Macro con Brubank. Pero no son pocas las operaciones en marcha.

Para el Estado nacional no son tiempos de vacas gordas. Mientras se siguen de cerca las lluvias en la zona núcleo –según la Bolsa de Comercio de Rosario, en enero llovió apenas el 35% de lo que suele promediar el mes históricamente, lo que reduce las posibilidades de una cosecha récord, como se preveía hace algunas semanas–, la idea es acelerar la venta de activos y los procesos de privatización para compensar la merma en la recaudación. En enero, de hecho, el Estado informará que tuvo, una vez más, superávit fiscal, aun a pesar de haber tenido que cubrir fuertes vencimientos de bonos a comienzos del mes. Las cuentas públicas se compensaron con el casi billón de pesos que ingresó de la licitación de las represas hidroeléctricas del Comahue, que se había firmado en diciembre. En el calendario ahora figuran: el 27 de este mes se abrirán los sobres técnicos de la siempre polémica licitación de la Hidrovía y luego se avanzará con las privatizaciones, primero de Intercargo y AySA y, finalmente, hacia fines de marzo, del Belgrano Cargas. El Estado, como los privados, también hace malabares para cerrar las cuentas. Parecen, por momentos, los años 90: las privatizaciones, la desregulación y la apertura comercial, la apreciación cambiaria, el alineamiento con los Estados Unidos… todas rémoras de aquella época. Pero todavía falta ver lo mejor de aquellos años: la inversión, las grandes apuestas de empresas internacionales, el acceso al crédito de largo plazo o el desarrollo del mercado de capitales son algunas de las mieles de entonces que no se ven aún.

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