Era miércoles de cine. Todas las semanas, Valeria y sus amigas solían ir al Arte Multiplex o al General Paz de Belgrano, casi como un ritual, una religión. El milenio estaba de estreno y las salas aún se llenaban al máximo, por lo que se deleitaban con películas populares pero también independientes.
Ese miércoles fue el turno de `Y tu mamá también´, un film mexicano de Alfonso Cuarón con una fuerte crítica social, donde se exploran las lealtades humanas, protagonizado por Gael García Bernal, un actor que ya había brillado en `Amores perros´. Cuando la película concluyó, las discusiones entre amigas fueron acaloradas en relación a los vínculos humanos y las traiciones: que el planteo de la historia es una exageración, que es verdad que para los hombres `la carne es débil´ o que es típico de los hombres disimular que tienen códigos pero que por las espaldas se apuñalan.
“Me acuerdo, de hecho, que unos días antes lo había discutido con mi pareja y una pareja amiga, ellos nos acusaban a las mujeres de ser falsas y traicioneras entre nosotras, y yo sostenía que al final entre mujeres nos hablamos todo, que los hombres ocultan todo a sus pares y a la primera, aunque muy disimulados, si se da la oportunidad los apuñalan”, dice Valeria hoy mientras recuerda aquellas épocas de su vida.
Valeria estaba de novia con Pablo hacía más de dos años, aunque en vez de novia, él le decía `mi chica´ y cada tanto soltaba un `te quiero´, pero nunca un `te amo´. Ella, que lo amaba con locura y por miedo al rechazo, no reclamaba nada ni tampoco se animaba ella misma a pronunciar palabras más elocuentes de amor.
Con él, sin embargo, Valeria emprendía las más osadas aventuras gracias a un emprendimiento cultural que idearon juntos y que los llevaba a viajes orientados a su nueva empresa; con él desarrolló capacidades que ni sabía que poseía y llegó a conocer todo tipo de personas a lo largo de la Argentina: “Con él crecí mucho en varios sentidos”, asegura.
Pero ellos no hacían todo solos, contaban con colaboradores, algunos de ellos amigos, como por ejemplo Alejandro, el amigo desde salita de cuatro de Pablo, un chico con grandes aspiraciones, inseparable del novio de Valeria: “Él fue, casi desde el principio, parte de todas nuestras ideas locas, por lo que compartíamos un sinfín de horas juntos”, cuenta Valeria.
Cada tanto, Pablo y Valeria discutían, generalmente porque él tenía malos modos, y actuaba ante ella y los demás con mucha soberbia. Ella tenía 23 y él 22, y sus ideales de la vida también chocaban. Alejandro, como amigo incondicional de él, lo defendía en sus posiciones políticas y en su ansias de ganar mucha plata, aunque entendía la congoja de Valeria, cuando ella se lamentaba que estaban perdiendo su norte en sus proyectos y que se estaban vendiendo por dinero.
Y cierta vez, en uno de esos desacuerdos sobre ideales que derivaron en la menospreciación de Pablo hacia Valeria, Alejandro se acercó a ella en un momento en el que el novio se había ausentado, y le dijo: `Quiero que sepas que tus ideales me parecen muy nobles, tu forma de ver el mundo. Creo que Pablo no aprecia lo suficiente la mujer que tiene al lado´.
“A partir de entonces, con Alejandro nos hicimos más cercanos, más amigos”, confiesa Valeria. “A Pablo, por otro lado, le encantaba tenerlo siempre cerca, por lo que nos transformamos en una especie de trío poderoso, siempre juntos, dispuestos a conquistar el mundo”.
`Los tres mosqueteros´, solían decir los conocidos, que los veían siempre ir y venir juntos. Valeria contestaba que en realidad Pablo y Alejandro habían sido siempre grandes amigos y que ella era una adición, casi como una invitada de honor a un vínculo sólido de años y muy especial.
Y entonces llegó ese miércoles de “Y tu mamá también”, y Valeria puso leña al fuego cuando dijo que, en el fondo, los hombres en general (como en la película) no tenían verdaderos códigos de amistad: “No voy a espoilear el film, veanlo”, observa hoy. “Pero sospecharán por dónde va la cosa. Y mi manera de interpretar la historia trajo, por supuesto, el comentario obvio: ¿y qué onda con Alejandro? Es el mejor amigo de tu novio y están siempre los tres juntos, igual que en la película...”
Para Valeria, Alejandro no era la excepción, aunque nunca lo dijo, ¿cómo dudar del mejor amigo de su novio? Pero ella ya lo había visto muy de cerca: “Tenía actitudes muy ventajeras. Si podía sacar algún provecho, no lo he visto dudar en contar ciertas mentiras o realizar alguna que otra maniobra poco ética”, continúa Valeria, sin querer ahondar demasiado en el tema.
Y cierto día, el idilio de los tres mosqueteros llegó a su fin. Pablo tampoco era demasiado dado para las cuestiones de actuar por la derecha en la pareja, y una noche, Valeria descubrió un correo electrónico abierto que delataba un amorío con una chica que había participado en su emprendimiento: “Yo estaba muy enamorada, me dolió mucho, tardé un tiempo más en comprender que no iba más. Finalmente, terminamos”.
Una noche de amigas, dos semanas después de cortar su relación, Valeria recibió un llamado a su celular, en un aparato de esos que hoy reciben el nombre de antiguo, que casi entran en la palma de una mano, y que si se caen al piso por poco rebotan a tu mano y quedan intactos. Era Alejandro, que con un tono muy casual, le preguntó en qué andaba y si estaba mejor, después de tanta tristeza.
Valeria le contó a vuelo de pájaro cómo iba la cosa, le dijo dónde estaba y que se viniera si no tenía otro plan. A los veinte minutos, Alejandro estaba en la mesa compartiendo cervezas de litro.
Se rieron mucho y tomaron demasiado, ambos tenían que volver para el mismo lado y compartieron el taxi. Alejandro dijo que no tenía sueño, y Valeria coincidió que tampoco, sugirió que baje con ella, que podían tomar alguna copa más en su departamento y escuchar un poco de música: “Las cosas terminaron como imaginan. Hoy creo que lo mío fue una pequeña venganza secreta”, resume Valeria.
“A la mañana siguiente nos miramos como dos extraños. Le pregunté si no se sentía mal por haber estado con la novia de su mejor amigo, ¡y apenas a unos días de cortar! Me contestó que para nada, que estas cosas pasan todo el tiempo entre hombres. Con los años perdí el contacto con los dos. Nunca se lo conté a mi ex, tampoco creo que Alejandro lo haya hecho. Sé que ellos también se dejaron de ver. No sé, siempre me acuerdo de la peli. Saquen sus propias conclusiones”.
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