Imbolc es una festividad celta que simboliza el inicio de la primavera cada 1 de febrero en Irlanda y Escocia. Este festival, vinculado a la luz y al fuego, se caracteriza por rituales de renovación y purificación. En el centro de estas tradiciones se encuentra la figura de la diosa Brigid, posteriormente asociada con Santa Brígida, según documenta National Geographic.
El término Imbolc, procedente del irlandés antiguo, significa “en el vientre” y alude a la fertilidad y a los primeros signos de renovación natural.
Considerado uno de los festivales de fuego más antiguos del calendario celta, Imbolc se ubica entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. El fuego ocupa un lugar principal, ya que representa la purificación y la esperanza tras los meses oscuros.
La primera referencia a Imbolc aparece en la literatura medieval irlandesa. El “Ciclo del Úlster” describe cómo las comunidades celebraban la llegada de la temporada de ordeño y el despertar de la tierra.
Según National Geographic, este festival influyó en la organización del calendario celta y en la vida agrícola y espiritual de la época.
La diosa Brigid, también conocida como la Triple Diosa, está asociada con la fertilidad, la herrería, la poesía, la profecía y la sanación. Hija del dios Dagda, representa la conexión entre la fertilidad de la tierra y la abundancia esperada en la nueva estación.
Su culto destaca la importancia del renacimiento natural, visible en la lactancia de vacas y ovejas y en la aparición de los primeros brotes silvestres.
Entre los rituales tradicionales se encuentran el encendido de velas y hogueras para “despertar” la tierra, y la elaboración de la cruz de Brigid, de cuatro extremos iguales, que se cuelga en puertas y techos como símbolo de protección del hogar.
Persisten prácticas como dejar paños sagrados en los campos para que la diosa los bendiga y observar el canto de la alondra, considerado un augurio favorable para una primavera temprana.
Con la cristianización, muchas de estas costumbres se integraron en el Día de Santa Brígida, celebrado el 1 de febrero. La figura de la santa, fundadora del primer convento de Irlanda en Kildare y patrona de ganaderos y parteras, heredó el simbolismo de fertilidad y protección de la antigua deidad, señala National Geographic.
No obstante, se mantiene una distinción entre la santa cristiana y la Brigid pagana, como subrayan tanto historiadores como el propio medio.
En la actualidad, la celebración de Imbolc y Santa Brígida tiende a confluir en Irlanda, donde se comparten símbolos como la cruz de Brigid, rituales con velas y encuentros comunitarios.
En Escocia, las prácticas mantienen un carácter más puramente celta. Las personas suelen realizar caminatas por la naturaleza, plantar semillas como rito de intención para el año y escuchar el canto de aves como presagio favorable.
Las manifestaciones contemporáneas de Imbolc llegaron a comunidades neopaganas fuera de las islas británicas. En lugares como el condado de Kildare, la festividad se transformó en un festival de cinco días que combina ritos cristianos y paganos en honor al patrimonio irlandés, según National Geographic. Entre las prácticas modernas destacan la creación de cruces de Brigid, la escritura de poesía y los rituales con velas y agua.
El sincretismo entre elementos paganos y cristianos resulta evidente en los símbolos y costumbres que perduran, aunque cada grupo puede dar prioridad a distintas creencias. El Día de Santa Brígida resalta la dimensión sanadora de la santa y las peregrinaciones a pozos sagrados, mientras Imbolc enfatiza la renovación y la fertilidad del entorno.
Al iniciar febrero, quienes celebran Imbolc suelen sembrar semillas para expresar sus deseos y propósitos, y ven en el crecimiento de la planta un recordatorio tangible del cuidado y la atención necesarios para alcanzar sus metas durante el año.


