El presidente estadounidense Donald Trump, quien llegó al poder prometiendo no involucrarse en nuevas guerras militares extranjeras, especialmente en Oriente MeEl presidente estadounidense Donald Trump, quien llegó al poder prometiendo no involucrarse en nuevas guerras militares extranjeras, especialmente en Oriente Me

La guerra contra Irán y la guerra contra Anthropic

2026/03/03 14:48
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BOSTON – El entonces dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, ganó en 2000 el primer premio en la lotería nacional de su país. Y lo ganó por una sencilla razón: porque podía. Alguien que destruya las instituciones que limitan su poder (como lo hizo Mugabe durante sus 37 años de reinado) puede gobernar para enriquecerse, engrandecerse o, simplemente, entretenerse. ¿Qué mejor modo de demostrar poder sin límites que exhibir que el sistema de normas vigente es una farsa? El daño que esta conducta pueda causar a las normas ya las instituciones es parte del diseño.

El caso de la lotería de Mugabe tiene parecidos en dos decisiones que tomó hace poco el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump, dirigidas en ambos casos a promover una agenda que busca eliminar cualquier restricción a la conducta futura de Trump y sus aliados.

La primera fue lanzar un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán y matar al ayatolá Alí Jameneí, líder supremo iraní. Dejando a un lado la pérdida de vidas y el caos inmediato, es evidente que el ataque generará un largo período de inestabilidad en Medio Oriente.

Por supuesto que el régimen iraní era represivo, asesino y contrario al bienestar económico y social de los iraníes. Jameneí, las élites gobernantes y la temida Guardia Revolucionaria Islámica tenían las manos manchadas de sangre, incluidas en esto el asesinato y la detención de decenas de millas de manifestantes sólo desde principios de este año.

Pero nada de esto justifica iniciar en Medio Oriente una nueva guerra que no tiene apoyo de los aliados internacionales ni del electorado estadounidense. A Estados Unidos todavía se lo considera una democracia, donde en principio, lo que piensa la gente debería importar; pero ahora que Trump se arriesga a un baño de sangre regional, la apariencia democrática se ve cada día más frágil.

Por terrible que fuera de su historial, Jameneí no era Nicolás Maduro, que al momento de la captura ordenada por Trump en enero, solo tenía unos pocos incondicionales, incluso en las fuerzas armadas de Venezuela. No se instalará un régimen títere en Irán, donde las instituciones estatales y el sentimiento nacionalista son fuertes. Cuando en 1979 la Revolución Iraní derrocó el régimen del sah, el aparato estatal permaneció en la práctica intacto; solo transfirió sus lealtades a la nueva República Islámica.

Ahora ese aparato estatal defenderá los intereses de Irán y tratará de utilizar a sus intermediarios para desestabilizar a otros países. Esto puede incluso dar nueva vida a algunos de ellos como Hezbolá y Hamás, que habían quedado muy debilitados tras el ataque del segundo contra Israel el 7 de octubre del 2023.

Además, el papel religioso de Jameneí le confería respeto y autoridad entre los musulmanes chiitas dentro de Irán (donde son una gran mayoría de la población) y en el extranjero. Para muchos, su muerte lo convierte en mártir, que es lo último que necesitan Irán o la región.

Otra decisión peligrosa y desestabilizadora de Trump (justo antes de la primera) fue designar a la empresa de inteligencia artificial Anthropic como riesgo para las cadenas de suministro. Esa designación (normalmente reservada a empresas de adversarios extranjeros, como la china Huawei) prohíbe a los contratistas federales usar los modelos de Anthropic y es preanuncio de grandes restricciones a las actividades futuras de la empresa. Según el anunciado secretario de «guerra» (defensa) Pete Hegseth: “Con efecto inmediato, ningún contratista, proveedor o socio que haga negocios con las fuerzas armadas de los Estados Unidos podrá llevar a cabo ninguna actividad comercial con Anthropic”.

¿El motivo? Anthropic quería garantías de que sus modelos no se utilizarían para la vigilancia masiva de los estadounidenses y en sistemas de armas autónomos. En la práctica, ni lo uno ni lo otro suponían restricciones importantes para el Departamento de Defensa. De hecho, someter a los ciudadanos estadounidenses una vigilancia masiva es ilegal según la legislación de los Estados Unidos, y los sistemas de armas autónomos no son una posibilidad en lo inmediato. Pero para Trump y Hegseth, lo que importa es el espectáculo e intimidar a Anthropic. Lo mismo que Mugabe, deben demostrar que pueden hacer lo que quieran.

Pero a diferencia de la lotería amañada de Zimbabue, la decisión en lo referido a Anthropic tendrá consecuencias importantes, quizás más que el ataque a Irán. Independientemente de lo que se piense en las capacidades actuales de la IA, no hay duda de que su control en el futuro tendrá implicaciones trascendentales para la democracia, el comercio, las comunicaciones y la privacidad. Muchos en la industria tal vez interpretan la prohibición de Anthropic como indicio de que ese control estará en manos del gobierno estadounidense y no del sector privado.

La dinámica (real o percibida) de que sólo puede haber un ganador ya había llevado la competencia entre OpenAI, Anthropic y Google a niveles máximos. Pocas horas después del anuncio de Anthropic, Sam Altman (director de OpenAI) se apresuró a cerrar un trato con el Departamento de Defensa, señal de que esta competencia está a punto de alcanzar nuevas y peligrosas cotas. Altman está dispuesto a dar a Hegseth todo lo que Anthropic le negocio, incluidas capacidades para infringir la legislación estadounidense y la voluntad de trabajar en sistemas de armas autónomas.

Es posible que las implicaciones de la acción contra Anthropic terminen siendo incluso más amplias. Ahora el gobierno estadounidense actual (y quizás los futuros) puede imponer sanciones desproporcionadas a cualquier contratista con el que no esté de acuerdo. La seguridad de la propiedad privada se ha vuelto mucho más incierta. Al mismo tiempo, el Pentágono dio a todo el mundo señales de que tiene intención de practicar la vigilancia masiva y desarrollar sistemas de armas autónomas (¿por qué si no se molestaría en incluir dos disposiciones ineficaces en el contrato?).

Es probable que con el ataque militar a Irán y el ataque legal a Anthropic, Trump haya igualado el nivel de absurdo de Mugabe. Un presidente que llegó al poder con la promesa de no involucrarse en nuevos conflictos en el extranjero (sobre todo en Medio Oriente) acaba de empezar uno que puede ser más peligroso que la guerra de Irak de hace una generación (y con fundamentos incluso más endebles). Un presidente que despotrica contra el “socialismo” y los “demócratas de extrema izquierda” usa el Estado para aplastar a una empresa privada.

Pero en ambos casos, lo mismo que para Mugabe, la idea es que sea absurda. El escándalo y la violación de las normas encarnan el credo personal y político de Trump: las reglas son para los tontos.

Traducción: Esteban Flamini

El autor

Daron Acemoglu, Premio Nobel de Economía 2024 y profesor distinguido de Economía en el MIT, es coautor (con Simon Johnson) de Power and Progress: Our Thousand-Year Struggle Over Technology and Prosperity (PublicAffairs, 2023).

Copyright: Project Syndicate, 2026

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