El hijo de Marwan Barghouti –el líder palestino con más popularidad en las encuestas– pidió por la liberación de su padre, preso desde 2002 : “Sigue en aislamieEl hijo de Marwan Barghouti –el líder palestino con más popularidad en las encuestas– pidió por la liberación de su padre, preso desde 2002 : “Sigue en aislamie

Arab Barghouti: “Mi padre está en prisión porque representa un liderazgo unificador para el pueblo palestino”

2026/02/01 11:01

Arab Barghouti tenía once años cuando su padre fue arrestado por las fuerzas militares israelíes en Cisjordania. Era el año 2002 e Israel respondía al levantamiento palestino con detenciones arbitrarias, asesinatos, asedios militares y el confinamiento del presidente Yasser Arafat en su cuartel general de Ramala.

Marwan Barghouti formaba parte del Consejo Legislativo Palestino y sonaba como un relevo diferente a la vieja guardia de Al Fatah, el partido fundado por Arafat en 1958 y al que pertenece el actual presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas.

Dos años después, en 2004, fue condenado a cinco cadenas perpetuas por un tribunal israelí al que Barghouti se negó a reconocer. La Unión Interparlamentaria –organismo internacional de parlamentos– encargó un informe sobre el proceso judicial, en el que concluyó que se habían producido “numerosas infracciones de las normas internacionales” y que no podía considerarse un juicio justo.

Desde entonces pasaron muchas cosas en Palestina. Su familia lleva treinta y seis meses sin poder verlo y casi veinticuatro años sin abrazarlo, ya que los encuentros en la cárcel, cuando se producen, son a través de un cristal. Pese a pertenecer a otra organización política, el nombre de Barghouti –junto con los de otros líderes, como el marxista Ahmad Saadat- suele aparecer en las listas que Hamás presenta para negociar con Israel el intercambio de prisioneros.

“Mi padre ha recibido torturas, sigue en régimen de aislamiento, con varias costillas rotas y ha perdido doce kilos”, denunció su hijo Arab en una entrevista con elDiario.es en Barcelona, donde participó en el concierto por Palestina celebrado en el Palau Sant Jordi. Allí, con una presentación a lo grande y veinte mil personas entre el público, Arab defendió la esperanza para lograr “lo que mi padre prometió a mi madre hace 40 años: una vida normal en una Palestina libre”.

-¿Quién es Marwan Barghouti y qué representa?

-Mi padre no creció en palacios, sino en una familia humilde de agricultores, en un pueblo llamado Kobar, cerca de Ramala, en Cisjordania. Siempre se ha sentido orgulloso de ese origen.

Cuando tenía ocho años, se produjo la ocupación israelí de 1967, en la que mataron a su perro. Ese fue su primer encuentro con soldados israelíes y ahí entendió qué suponía la ocupación y lo que podía arrebatarle. Como cualquier otro palestino, empezó a lanzar piedras a los soldados israelíes cuando invadían su pueblo, y fue detenido varias veces.

Sabía exactamente a qué se exponía cuando asumió un papel central durante la Segunda Intifada, llamando a la gente a protestar contra la ocupación ilegal.

Arab Barghouti, en el concierto Act for Palestine, este jueves en Barcelona, ante 20.000 personas, con la foto icónica de su padre, Marwan Barghouti

-Durante la Segunda Intifada palestina, así como en las elecciones de 2006, solíamos ver en Cisjordania numerosos carteles con la foto de su padre, sonaba como un relevo.

-Desde joven fue un líder. Pasó muchos años en la cárcel y en el exilio. Se convirtió en presidente del Consejo estudiantil de la Universidad de Birzeit en los años ochenta, aprendió hebreo y se sacó la carrera en prisión.

Es una figura pública muy querida y así lo reflejan también las encuestas. Para mí, además, es un padre cercano, amable, nunca se queja, está lleno de vida y cree en un futuro mejor.

-Usted trabaja en la campaña internacional pidiendo su puesta en libertad, han firmado figuras conocidas del cine y la música y también personalidades del mundo de la política y los derechos humanos.

-Mi padre no debería estar en prisión. Era evidente que el Gobierno israelí de aquel entonces decidió etiquetar a los líderes palestinos como terroristas.

El juicio fue ilegal por varias razones. Primero, porque es un miembro del Parlamento y goza de inmunidad parlamentaria. Segundo, porque se le trasladó a Israel para ser juzgado, pese a ser detenido en Cisjordania, territorio ocupado. Esa es una violación del derecho internacional.

En tercer lugar, él no es militar ni un planificador de acciones armadas. Es político, y siempre lo ha sido. Es miembro del Parlamento y cree en la política. Pero al relato israelí no le viene bien que los palestinos tengan a este líder progresista moderado que, al mismo tiempo, no está dispuesto a renunciar a los derechos palestinos. Quieren títeres, no representantes legítimos.

Por eso intentaron silenciarlo con múltiples cadenas perpetuas. No entendieron que, al hacerlo, consolidaron su nombre como símbolo de libertad y dignidad del pueblo palestino.

Arab Barghouti, en Barcelona, este jueves Olga Rodríguez

-El arzobispo Desmond Tutu y la expresidenta de Irlanda, Mary Robinson, entre otros, firmaron un texto el pasado octubre en el que destacan que mucha gente considera a su padre “el Nelson Mandela palestino” y también piden su puesta en libertad.

-Mi padre necesita salir de la cárcel por justicia y por un futuro de paz y estabilidad, para lo que se necesita una representación palestina respetada por el pueblo palestino.

Él encarna ese tipo de liderazgo. Fue muy valiente en la lucha contra la ocupación pero también en el proceso político, hablando y negociando con israelíes. Por eso hay israelíes a los que conoció en los años noventa que han pedido su puesta en libertad, porque entienden que es un verdadero aliado para la paz. Pero el actual Gobierno israelí no quiere la paz. Quiere la imposición.

-¿Qué margen de maniobra ve en esta situación?

-Tenemos que dialogar con la comunidad internacional, construir puentes y exigir que Israel se siente a negociar y rinda cuentas por los crímenes cometidos contra el pueblo palestino.

Esto no va de equipos ni de tribus. Va de justicia. Aprendemos de la historia y la estudiamos: la de Sudáfrica, Argelia, Irlanda, la de muchos pueblos colonizados.No somos una excepción: somos otro pueblo oprimido que aspira a su libertad.

Arab Barghouti, dirigiéndose a las veinte mil personas que llenaron el Palau Sant Jordi este jueves

-¿Qué cree que deben hacer los gobiernos europeos?

-Se necesitan tender los puentes adecuados con el pueblo palestino y con la Autoridad Palestina. Y sí, tenemos problemas en la Autoridad Palestina y necesitamos su reforma.

-¿Qué tipo de reforma?

-Empecemos por las elecciones, con ello todo cambiará. La gente de Palestina menor de 35 años -o de esa edad– nunca ha votado, porque las últimas elecciones legislativas fueron en el año 2006. Eso quiere decir que entre el 60 y el 70% de la población nunca ha elegido a sus gobernantes. Esto hace que el sistema político sea disfuncional.

-En 2006, tras la victoria electoral de Hamás, su padre firmó el Documento de los Presos por la Reconciliación Nacional, ¿qué supuso aquello?

-Fue uno de sus mayores logros políticos. Es el único documento hasta la fecha firmado por todas las facciones políticas palestinas, incluyendo Hamás, la Yihad Islámica, el Frente Popular, etc.

Ese documento indica que el Estado palestino se construirá dentro de las fronteras de 1967 [es decir, en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este]. También establece que el escenario de la resistencia debe centrarse en los territorios ocupados de 1967.

Mi padre siempre ha sido una figura unificadora, esa es su mayor fortaleza. Su política se basa en el derecho internacional y en el derecho del pueblo palestino a resistir ante su ocupante.

Marwan y Fadwa Barghouti, en los años noventa, con sus cuatro hijos

-¿Cómo valora el papel de la comunidad internacional? Por ejemplo, el de la Unión Europea, el mayor socio comercial de Israel, que mantiene su Acuerdo de Asociación con Tel Aviv.

-La Unión Europea ha demostrado un doble rasero muy frustrante. No solo han permitido actuar a Israel con impunidad, sino que son cómplices del genocidio en Gaza y de las atrocidades en Cisjordania.

Las generaciones más jóvenes ya han identificado esa hipocresía y exigen responsabilidades. Ante la guerra de Rusia y Ucrania, la UE no tardó en sancionar a Moscú. Pero para ellos Israel es un caso especial. Israel es ese amigo al que no quieren molestar, por muy mal que actúe.

-¿Cuándo es la última vez que habló con su padre?

-Antes de octubre de 2023 le visitaba cada dos años, aproximadamente, y nos escribíamos cartas a través de la abogada, hablábamos de política y de la vida. Ahora está en aislamiento, así que la última vez que lo vi fue hace tres años y medio.

-Tengo entendido que Marwan Barghouti da clase a otros presos

-Sí. Tiene un Máster en Relaciones Internacionales y un doctorado en Ciencias Políticas. En 2006, cuando lo sacaron de la celda de aislamiento en la que estuvo tres años, habló con el director de la Universidad de Jerusalén, a través de su abogada, para convencerlo de que le permitiera otorgar títulos oficiales a otros presos. Y así fue.

Ha graduado a más de cuatrocientos licenciados y ha concedido más de doscientas maestrías. Le encanta. Fue él quien me impulsó a obtener la mejor educación, también a mi madre y hermanos. Para él es muy importante. Siempre que voy a verlo tengo que llevarle un certificado de estudios, algo nuevo.

Es muy disciplinado y exigente, en la cárcel da las clases de memoria, durante horas.

-¿Qué recuerda de su arresto en 2002 y del juicio en 2004, cómo lo vivió?

-Fue una época extremadamente dura. En 2001 intentaron asesinar a mi padre tres veces. Hubo momentos en los que pensamos que realmente lo habían matado, [las fuerzas armadas israelíes] estaban asesinando a docenas de líderes palestinos y él era un objetivo, lo dejaron claro.

Arab Barghouti, en Barcelona

-¿Pudo asistir al juicio?

-Fui un día. Mi padre me vio, me sonrió y me hizo una seña para que me acercara. Yo tenía trece años. En el camino, un israelí me golpeó, caí al suelo y varios colonos quisieron atacarme. El corresponsal de Al-Jazeera, Walid Al-Omri, corrió a ayudarme y me protegió.

Tuve la suerte de tener unos padres maravillosos, tanto él como mi madre, de quien no se habla lo suficiente. Ella fue quien sostuvo el mensaje de Marwan Barghouti y lo llevó por todo el mundo, crió a cuatro adolescentes estando él en prisión, obtuvo su doctorado y fundó su campaña internacional. Representa la fuerza de las mujeres palestinas. Los dos me han enseñado a actuar con un propósito; esta enseñanza ha sido el motor de mi vida.

-En julio el ministro israelí Itamar Ben-Gvir difundió un vídeo en el que amenazaba a su padre en prisión, él aparecía debilitado físicamente, era la primera vez en mucho tiempo que se le veía en una imagen pública. ¿Cómo está ahora?

-Tras el 7 de octubre de 2023 la política de castigo colectivo del Gobierno israelí ha afectado a todos los presos políticos palestinos. Ciento diez han muerto por desatención médica, hambre y, principalmente, a causa de grandes palizas y torturas. Son casos documentados.

A mi padre le agredieron muchas veces y lo colocaron inmediatamente en régimen de aislamiento, para evitar que tuviera influencia sobre los demás presos y sobre el mundo exterior. Sigue en aislamiento. Todavía tiene cuatro costillas rotas por las palizas que recibió en septiembre, y le niegan las visitas.

Pero cuando la abogada lo vio la última vez dijo que estaba muy impresionada por lo fuerte que es mentalmente, por su actitud positiva y su facilidad para sonreir.

-¿Qué cree que sería lo primero y lo segundo que haría si lo pusieran en libertad?

Volvería a casa, vería a sus seis nietos, a los que no conoce, pasaría tiempo con mi madre, porque ninguno de sus familiares ha podido abrazarlo en veinticuatro años. Y sé que volvería a su pueblo, porque lo ama. Visitaría las tumbas de sus dos hermanos y de su madre, fallecidos en estos años. No pudo despedirse de ellos.

Después, empezaría a trabajar por la unidad palestina, porque ese siempre ha sido su impulso y su propósito.

-¿Cuál cree que es el objetivo del Gobierno israelí en este momento en el que sigue anexionándose más territorio?

-No es un secreto, lo dicen claramente los integrantes del Gobierno: afirman que quieren dominar todo el territorio, quieren llevar a cabo una limpieza étnica del pueblo palestino. Ese es el objetivo del genocidio y el apartheid. Esto es algo que nunca aceptaremos.

-Usted reside en Ramala, ¿cómo es vivir bajo la ocupación y la segregación?

-Consume la existencia. Los ocupantes quieren asegurarse de que te sientas inferior a ellos. Supone salir de casa y no poder desplazarte porque un soldado israelí decide que se va a divertir y cierra la puerta de la ciudad. Sí, a nuestras ciudades les pusieron puertas, literalmente, no es una metáfora: las cierran y no podemos salir.

Ves la frustración en el rostro de la gente. Como palestinos, necesitamos la paz más que nadie, pero eso no significa someternos y dejar que hagan lo que quieran con nosotros. No lo hemos permitido durante setenta y ocho años, no lo vamos a permitir ahora.

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