En su último libro, el cineasta alemán sondea en una pregunta que lo ha desvelado toda su vidaEn su último libro, el cineasta alemán sondea en una pregunta que lo ha desvelado toda su vida

Lecturas: Herzog busca la verdad en tiempos de IA

2026/01/31 11:07

¿En qué punto de la monótona discusión sobre la inteligencia artificial podrían hacer su aporte las grandes fake news de la historia y el lento y dificultoso camino hacia la verdad no revelada? Entre los atributos de Werner Herzog (Múnich, 1942) está su sorprendente voluntad de hacer, que desde hace un tiempo vuelve imprevisible no solo cuál será su próxima película, sino también su próximo libro. Pero en el caso de que El futuro de la verdad fuera el último, entonces estos ensayos alrededor de la idea de que “nadie sabe qué es eso, la verdad”, mucho menos “el autor, pero tampoco los filósofos ni los matemáticos, ni el Papa en Roma”, demostraría un interés por la verdad intacto a lo largo de más de seis décadas de trabajo. Y en una época como la nuestra, donde casi todos actúan como conocedores de alguna incuestionable verdad, alguna “posta” lista para su inmediata vociferación, eso es otro rasgo de excepcionalidad.

En lo que Herzog define como verdad, “una pregunta que me ha ocupado la vida entera” y ante la que evade cualquier aproximación a través de los grandes nombres del pensamiento occidental, puede reconocerse de manera indirecta cierto eco poético de Martin Heidegger. “La verdad me parece más bien un esfuerzo constante por acercarse a ella. Como movimiento en su dirección, como viaje incierto, como búsqueda llena de empeño y esterilidad”, escribe Herzog. “Pero este viaje a lo incierto, al crepúsculo de un bosque grande e infinito, nos confiere sentido y dignidad, diferenciándonos de las vacas en el campo”.

Por supuesto, es esta búsqueda la que en cada una de sus películas esquiva “los productos estereotipados y sin vida de la industria del cine”, donde “casi todo se ha vuelto predecible, casi todo nace muerto”. Y por eso en El futuro de la verdad no faltan anécdotas sobre Fitzcarraldo, Grito de piedra o Lecciones de oscuridad, a pesar de que estas abundan en otras clásicas páginas herzogianas (entre las menos conocidas, sin embargo, en este caso está el encuentro para una película finalmente frustrada con Mohamed Al-Fayed, multimillonario egipcio convencido de que su hijo Dodi fue asesinado junto a Lady Di en una confabulación entre la monarquía inglesa y el MI6 en 1997).

Sin embargo, el eje de la pregunta por la verdad es el impacto de la inteligencia artificial sobre nuestras conciencias, tema que se remonta a una conferencia en el Congreso Futuro de 2023, en Santiago de Chile, del que Herzog participó. Y es en este punto donde, contra la marea de súbitos “especialistas” en IA que publicitan versiones igual de lánguidas sobre un inminente paraíso o infierno civilizatorio, a sus 83 años el director de cine replanteó la cuestión desde una perspectiva distinta: “¿Existe en la naturaleza de los seres humanos algo así como una disposición a aceptar mentiras? ¿La disposición al autoengaño no es un componente necesario de nuestra existencia?”

La pregunta por la verdad gira así hacia algo más profundo e inteligente que lo que propone la rentable moda de simplemente adorar o temer a la IA a partir de sus características técnicas. Al fin y al cabo, ¿no es desde hace mucho más tiempo que el de la existencia de las fake news y los deepfakes que nuestra realidad se compone de mentiras que necesitamos creer?

Herzog menciona las historias de secuestros extraterrestres o la lucha libre, pero los defraudadores financieros o incluso el primigenio pueblo patagónico El Chaltén, “en el que a mediados de los noventa la Argentina se apuró en construir unas pocas casas y llenarlas de vida en medio de un conflicto de límites con Chile”, también son pruebas de la necesaria pasión humana por las puestas en escena. ¿Por qué en el siglo I d. C. proliferaron “falsos Nerones” en Asia Menor tras la muerte del mítico emperador romano? A través de su cine documental, Herzog propone una respuesta: “Solo a través de la estilización, la invención, la poesía y la fantasía se puede explorar una capa más profunda de la verdad, una que nos permita, más allá de la transmisión de información pura, un eco lejano de algo que pueda iluminarnos interiormente”.

Desde el punto de vista de los usos de la IA para adulterar los hechos, sin embargo, la pregunta por la verdad se limita solo a la verosimilitud de la realidad, una cuestión sensible para quienes intentan todos los días narrar de forma fiable lo que pasa. Ahora bien, ¿deberían los periodistas resignarse al poder de la IA? “Al periodismo, antes que reinventarlo, hay que hacerlo bien”, explica Pablo Mancini (Buenos Aires, 1982) en Off the record. Verdad, sangre, algoritmos y negocios, donde tras veinte años de experiencia como gerente en plena transición del papel hacia internet en diversos medios en Latinoamérica y los Estados Unidos también cuenta la verdad, a veces incómoda, de cómo se piensa y se hace hoy la industria periodística. “Es ahora, cuando las máquinas aprenden de a poco a escribir los diarios, que descubrimos que hay un error que no se puede repetir: sobrestimar el impacto del corto plazo y subestimar el del largo plazo de nuestras decisiones y de la tecnología”.

Entre la IA y el periodismo la paradoja es evidente: si la IA recopila en segundos la información disponible y acelera las tareas más mecánicas del periodista, ¿no es este el mejor momento para apostar por un periodismo que investigue y cuente lo que hasta la versión más poderosa de ChatGPT ignora, simplemente, porque todavía no forma parte de su base de datos? ¿No es eso, señala Mancini, el auténtico periodismo? ¿Y no es, además, la única respuesta rentable para la industria de la información ante las fake news?

Para el académico Jay David Bolter, esa es también la gran cuestión para una “sociedad datificada” en la que los medios digitales funcionan como “un entorno ideal para albergar distintas preferencias y múltiples comunidades”, escribe en La plenitud digital (Ampersand, 2025). Pero la discusión acerca de la verdad o el valor del periodismo toma otro tono en un mundo cada vez más inverificable en sí mismo.

¿Hay un genocidio en Gaza? ¿El presidente de Venezuela fue secuestrado por los Estados Unidos? ¿Es solo la libertad lo que avanza entre nosotros? En pleno derrumbe de las viejas jerarquías sociales y políticas que orientaban un criterio de verdad, hoy las respuestas se elaboran entre narrativas “centradas en fragmentos dispersos pero conmovedores”, explica Bolter. En todo caso, la verdad todavía debe perseguirse. Incluso cuando las máquinas crean espejos donde ya no sabemos quién busca a quién.

El futuro de la verdad

Por Werner Herzog

Universidad Diego Portales

Trad: Ariel Magnus

126 págs.

$ 18.000

Off the record

Por Pablo Mancini

Ampersand

251 págs.

$ 33.900

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