Javier Milei caminó en medio de un mar de gente hasta la platea que le habían reservado. En el mismo momento, el Chaqueño Palavecino entraba al escenario de Jesús María.
Unas treinta mil personas -entradas agotadas para ver al cantante- debieron elegir entre seguir con la mirada al Presidente en su recorrido hacia su asiento o pararse para aplaudir el comienzo de la actuación del folclorista argentino más popular de las últimas décadas.
Palavecino saludaría a Milei desde el escenario, en una escena que el Presidente completó con una respuesta desde la platea y que ambos coronarían cantando “Amor salvaje”, uno de los hits del artista.
Foro de Davos y anuncio de la muerte de Maquiavelo mediante, dos semanas después ensayó y luego cantó en un teatro de Mar del Plata en la obra de su expareja Fátima Florez. Antes del teatro había paseado entre muchos fanáticos por una zona muy concurrida de la ciudad. Y para terminar habló en La Derecha Fest, una auto celebración libertaria.
La provincia de Buenos Aires nunca puede dejar de ser el gran objetivo para cualquier presidente, ya sea para someterla a su control o para reducir los múltiples efectos de su dimensión.
Para el 7 de febrero esperan al Presidente en la fiesta que cada año celebra el triunfo de San Martín y sus granaderos en San Lorenzo, cerca de Rosario. Se descuenta que Milei escapará del protocolo castrense de la ceremonia, pero tratará de captar las emociones que despierta esa evocación patriótica. El sable del Libertador volverá en ese acto a quedar en poder del Regimiento luego de ser la pieza más valiosa del Museo Histórico Nacional.
Milei saborea en verano los frutos que recogió en las elecciones de octubre, en las que encontró un sólido respaldo, un aval al rumbo de su gobierno y una dotación más numerosa aunque insuficiente de legisladores para votar las leyes con las que pretende dar forma a las reformas económicas estructurales de su gestión.
Puede mostrar una buena relación con su propia clientela electoral y en ningún caso aparecen en las fotos de esas visitas dirigentes que no sean de su propio espacio. Predomina un afán de conquista de territorios en los que ya lo votaron para presidente pero todavía no gobierna localmente.
Milei evita los lugares incómodos, por necesaria y esperada que resulte su presencia y su ayuda. Es el caso de los incendios en la Patagonia, convertidos en una fuente de críticas opositoras hacia la gestión libertaria.
Sin decirlo, el Presidente está anunciando que la campaña para su reelección empezó y no terminará hasta las elecciones de fines del año que viene.
En provincias donde se adelantarán las elecciones de gobernador para la primera parte de 2027 ese dato provoca inquietud y detona mecanismos de prevención y defensa. Gobernadores como el santafesino Maximiliano Pullaro o el cordobés Martín Llaryora observan cómo sus proyectos políticos de renovar sus mandatos pueden chocar con el propósito presidencial de instalar candidatos locales que los desalojen del poder.
Ambos gobernadores tienen motivos para sospechar que Milei puede llegar a ponerse enfrente de ellos al estilo de los ataques que le dedicó en la campaña de 2023 a Horacio Rodríguez Larreta.
El libertario habilitó los armados locales de las elecciones de octubre pasado por la necesidad del momento, pero también como una proyección de estructuras propias que sostengan su reelección y eventualmente compitan en la larga serie de elecciones de gobernadores previas.
Todo, sin embargo, resulta precario y prematuro. Milei no tiene garantizado que los actuales niveles de adhesión se mantengan en tanto no tiene posibilidad de saber cómo resolverá gran parte de los desafíos que lo esperan para este año.
El principal reto por resolver es el cambio de demandas que tendrá el mismo electorado que le renovó la confianza en las elecciones de medio término.
Milei cuenta en el arranque una ventaja adicional. Tiene varios rivales electorales pero ninguno con peso suficiente para derrotarlo sin la colaboración de un cataclismo económico y un consecuente cambio de criterio de una parte decisiva de los votantes.
La división de los adversarios y la falta de discursos que puedan competir con la retórica libertaria es otra ventaja. Pero, si es mejor correr adelante, siempre será inteligente saber que esas ventajas se pueden quebrar.
Impulsado al conflicto permanente como recurso de dominación política, Milei decidió abrir una confrontación directa con Paolo Rocca y Techint, el grupo industrial más importante del país.
En esos ataques volvió a la agresividad extrema y la descalificación. El mensaje tiene otros destinatarios más amplios, al apuntar hacia lo más alto del empresariado. Distintos sectores industriales vienen haciendo notar su preocupación por el impacto directo que tiene sobre la producción local la apertura de las importaciones.
La intervención de Milei en un asunto que en su origen es una contratación entre privados indica una decisión política precisa: quiso dar un mensaje a los empresarios argentinos que lo cuestionan por el abandono de políticas proteccionistas.
Esa obra privada es estratégica para el país y por lo tanto la opinión presidencial tiene como correlato decisiones de los sectores de la energía que deciden las inversiones en Vaca Muerta, las más importantes de la historia argentina.
Todavía lejos del impacto que puede tener el desarrollo pleno de los recursos de gas y petróleo no convencional, en la economía de la vida cotidiana también se están tomando decisiones en función del rumbo que Milei le da al país.
Ahí se esconden oportunidades para el futuro libertario, tales como un impulso a inversiones relacionadas al consumo de bienes durables como derrame de la producción agropecuaria. Además, están allí los enormes riesgos de que el cierre de industrias y de tradicionales fórmulas de comercio sean reemplazadas por una adaptación a la apertura económica que no incluya una transición que morigere el consecuente desempleo y empobrecimiento de muchas franjas sociales en grandes centros urbanos.
La Argentina ha oscilado varias veces en fallidos intentos de apertura y proteccionismo. Esa es, al fin, la historia de fracasos que explican esta larga decadencia.


