Aunque no existen mascotas totalmente libres de alérgenos, elegir ciertas razas de perros y gatos y mantener rutinas estrictas de higiene ambiental les permite a las personas alérgicas convivir con sus animales sin renunciar al vínculo afectivo.
El sueño de vivir con un perro o un gato suele verse afectado cuando hay rinitis, asma u otras alergias respiratorias. El especialista de National Geographic Abel G.M coincide, sin embargo, en que no siempre es necesario renunciar a esa convivencia, porque existen razas consideradas “hipoalergénicas” que liberan menos partículas capaces de desencadenar síntomas.
El problema no es tanto el pelo visible como las proteínas presentes en la saliva, la orina y la piel de los animales. Esas moléculas se adhieren a la caspa y a las pequeñas escamas cutáneas, que se reparten por toda la casa. Algunas razas, por sus características biológicas, dispersan una cantidad significativamente menor de estos alérgenos, lo que reduce el riesgo de reacciones en las personas sensibles.
En el caso de los perros, se destacan razas como el caniche, el schnauzer y el Yorkshire terrier. Estos animales tienen un ciclo de crecimiento del pelo diferente y no mudan el manto de forma estacional, de modo que generan menos descamación epitelial y menos caspa que pueda quedar atrapada en alfombras, tapicerías y otros textiles del hogar.
Con los gatos la situación es más compleja, pero también hay opciones. Razas como el siberiano o el azul ruso se asocian a niveles naturalmente más bajos de la proteína Fel d 1, principal responsable de las alergias felinas. Además, los estudios apuntan a que la castración, especialmente en los machos, puede reducir la cantidad de estos componentes alérgenos.
La elección de raza debe acompañarse de una estrategia de limpieza muy rigurosa. Los especialistas especifican la importancia de usar aspiradoras con filtros HEPA, capaces de atrapar partículas microscópicas, ventilar a diario las estancias y, siempre que sea posible, mantener a los animales fuera de los dormitorios para crear un espacio “libre” de alérgenos durante el descanso.
Los cuidados del pelaje también son decisivos. La recomendación es bañar a las mascotas aproximadamente cada dos semanas con shampoos específicos que hidraten la piel y eviten que se reseque y desprenda caspa. Se aconseja que el cepillado frecuente lo realice una persona no alérgica y se mencionan lociones y soluciones tópicas diseñadas para neutralizar los alérgenos sobre el manto del animal.
El entorno doméstico completa la dinámica: el uso de purificadores de aire con filtros adecuados y la sustitución de alfombras de lana o tejidos pesados por textiles sintéticos y lavables disminuye de forma notable la acumulación de caspa y facilita la limpieza diaria.
No hay mascotas totalmente “hipoalergénicas”, pero la combinación de una raza apropiada, una higiene ambiental constante y cuidados específicos del animal permite que muchas personas alérgicas disfruten de la compañía de perros y gatos con menor riesgo de sufrir síntomas.
Por Jaider Felipe Vargas Morales


