Verdades ocultas (The Lowdown, Estados Unidos/2025). Creada por: Sterlin Harjo. Elenco: Ethan Hawke, Keith David, Kaniehtiio Horn,Ryan Kiera Armstrong, Jeanne Tripplehorn, Macon Blair, Scott Shepherd, Tim Blake Nelson, Tracy Letts. Cantidad de episodios: 8. Disponible en: Disney+. Nuestra opinión: muy buena.
Creada por Sterlin Harjo y protagonizada por Ethan Hawke, Verdades ocultas cruza el thriller con la comedia negra en un contexto muy específico: una América profunda atravesada por heridas históricas, por la persistencia del racismo estructural y por los restos de una contracultura que prometió transformación y terminó, en muchos casos, convertida en una melancólica pieza de museo, cuando no en simple parodia.
Ambientada en Tulsa, Oklahoma, la serie consigue mantener la tensión a lo largo de sus 8 episodios combinando con buena mano un clima de permanente intriga con la sátira y el drama social para construir un retrato punzante del poder y los límites del idealismo liberal.
Quien investiga los desaguisados de un oscuro clan familiar es el singular personaje que interpreta con mucha gracia y soltura Ethan Hawke, actor que a los 55 años vive un gran momento de su carrera, como lo prueba la nominación para un Oscar por su papel en Blue Moon, film de Richard Linklater estrenado hace poco en Argentina.
Aquí es Lee Raybon, un periodista que se autodefine como “el historiador de la verdad” de Tulsa y cuya personalidad y look remiten a primera vista al inolvidable de The Dude de Jeff Bridges en El gran Lebowski, comedia de los hermanos Coen cuyo reconocible estilo -atravesado siempre por el humor negro, la ambigüedad, la ironía y el fatalismo- ha sido una evidente inspiración para esta serie.
Raybon es, al mismo tiempo, un clown entrañable y un personaje patético: una figura que conserva gestos, tics y convicciones heredadas de aquel sueño candoroso que fue la contracultura de los años 60 y 70, hoy normalmente aludida en el cine como una especie de residuo desfasado, más cerca de la caricatura que del heroísmo clásico (pensar en Había una vez… en Hollywood, de Quentin Tarantino). Encarna una forma de progresismo blanco que insiste en la denuncia moral, pero que también carga con notables cegueras estructurales.
La trama se activa cuando el inefable Lee empieza a investigar a la poderosa familia Washberg, un clan con tentáculos en el negocio inmobiliario, vínculos con grupos neonazis, conflictos con comunidades indígenas y prácticas empresariales que rozan —o directamente cruzan— la ilegalidad.
El detonante es la muerte de Dale Washberg -el hijo “descarriado” de la familia-, presentada como un suicidio, una tesis que pronto empieza a resquebrajarse. A medida que avanza la investigación, la serie sugiere que ese caso es apenas una puerta de entrada a una red mucho más amplia de corrupción, violencia -simbólica y efectiva- y pactos de silencio.
El trasfondo histórico es central. Descendiente del pueblo indígena seminola, Harjo se inspiró en el caso real de la masacre racial de Tulsa de 1921, uno de los episodios más brutales y menos reconocidos de la historia estadounidense. En aquel ataque supremacista, entre 39 y 300 ciudadanos negros fueron asesinados, más de 1.200 viviendas fueron incendiadas y unas 10.000 personas fueron desplazadas de sus hogares. La serie no reconstruye ese hecho de manera directa, pero lo convierte en una presencia constante, casi fantasmal, que atraviesa la ciudad, condiciona su estructura de poder y determina alianzas y complicidades.
Verdades ocultas apela al formato del noir contemporáneo para interrogar cómo aquellos traumas del pasado siguen operando en el presente. Tulsa aparece en esta ficción como un espacio aparentemente anodino, pero también sostenido endeblemente sobre capas de violencia histórica que nunca fueron completamente procesadas. En ese sentido, la investigación de Raybon no es solo de orden periodístico: aunque él, un auténtico “colgado”, no siempre lo advierta, su desordenado pero perseverante trabajo funciona también como exploración de las bases mismas sobre las que se construyó el poder local.
Uno de los rasgos más interesantes de la serie es el modo en que Harjo construye al personaje de Hawke, evitando siempre presentarlo como un salvador. Por el contrario, Raybon aparece en la historia -y es explícitamente señalado, incluso- como un ejemplo de los límites del perfil del “blanco comprometido”: bienintencionado, convencido de su rol moral, pero también movilizado por el narcisismo. La serie subraya la contradicción que encarna un blanco progresista que por momentos vive su compromiso como sostén de identidad, en lugar de ponerlo en juego como herramienta para cuestionar las estructuras reales de poder.
Desde el punto de vista estético y tonal, Verdades ocultas dialoga abiertamente con el universo de los hermanos Coen. Hay ecos notorios de Fargo en el cruce entre crimen, absurdo y paisajes humanos descentrados, además del espíritu burlón que recuerda a El gran Lebowski en la construcción de un protagonista que deambula, más que avanzar, que tropieza tanto como investiga. Y también hay algún matiz que lleva a pensar en el cine de Martin Scorsese, especialmente en la representación de élites locales habituadas a combinar corrupción con violencia e impunidad.
La serie se apoya, además, en un elenco secundario que es un festín de referencias: Jeanne Tripplehorn (la doctora Beth Garner de Bajos instintos), Kyle MacLachlan (el memorable detective del FBI Dale Cooper de Twin Peaks), Tim Blake Nelson (un habitué en films de los Coen) y Peter Dinklage (célebre por su rol de Tyrion Lannister en Game of Thrones).
Como ya ocurría en Reservation Dogs, la serie anterior de Harjo, que también se encuentra en Disney+, Verdades ocultas se beneficia de un delicado equilibrio entre humor y gravedad. La trama va desnudando cómo se mueven los blancos dentro de estructuras de poder que históricamente los han beneficiado sin recurrir a la denuncia solemne o escandalizada, pero con el suficiente veneno como para incomodar. Presenta al protagonista como un personaje con el que se puede empatizar, pero nunca termina de alinearse del todo con él, aunque lo acompañe narrativamente.
La dimensión literaria también ocupa un lugar relevante. Las referencias al escritor de novelas negras Jim Thompson, oriundo de Oklahoma, funcionan como una clave estética y conceptual importante: sus relatos sobre magnates, traiciones, crímenes y corrupciones sirven como espejo y comentario del argumento de la serie. De hecho, Raybon encuentra pistas para su investigación en viejos libros de bolsillo del género.
A medida que el relato avanza, el misterio se entrelaza con la construcción de un mapa social de Tulsa. Los Washberg aparecen como una familia arquetípica del poder regional, plenamente consciente de su influencia económica, centrada en sus alianzas estratégicas y en su capacidad para moldear el territorio en base a sus propios intereses. La caracterización puede resultar algo esquemática, pero no por eso es necesariamente inocua.
La clave y el centro gravitacional del discurso de Verdades ocultas es Lee Raybon, eso está clarísimo. Un personaje que puede observarse, a la vez, como heredero y residuo de la contracultura. Su figura resume una paradoja generacional: alguien formado en la promesa de que el periodismo, la denuncia y la conciencia moral podían transformar la realidad, pero que hoy se mueve en un ecosistema mediático, político y económico que ha vaciado de sentido buena parte de esas premisas. Su persistencia tiene algo de admirable y algo de quijotesco. Y la serie explota esa ambigüedad sin resolverla del todo.


