La Argentina tiene una larga tradición en la industria audiovisual. Grandes títulos avalan su renombre. Sin embargo, con la crisis de presencia de público en el cine, y la quita de los subsidios del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), muchos pensaban que este legado iba a frenarse. Pero, lejos de eso, el sector presenta batalla, se pone creativo y genera alianzas para apoyar y fomentar sobre todo a primeros proyectos y provenientes de colectivos minoritarios dentro de este vertical. Por estos motivos nació el Laboratorio Audiovisual de Industria en Foco, un programa intensivo de formación y acompañamiento de proyectos dirigido a mujeres, identidades trans y personas no binarias de la industria audiovisual argentina.
El organismo fue creado gracias a un convenio de colaboración entre la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (CAIC), el Fondo Netflix para la Equidad Creativa, el Ministerio de Desarrollo Económico y el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. “La convocatoria fue sorprendente. Se anotaron más de 200 proyectos que provenían de todo el país. De esos, 8 fueron seleccionados para atravesar el proceso de tutorías durante tres meses y finalmente dos resultaron ganadores”, cuenta emocionada Vanessa Ragone, tesorera de CAIC. Es que la referente de la industria conoce bien el esfuerzo que es filmar en Argentina, y sobre todo cuando se es mujer, porque no abundan las directoras. Y menos las minorías con otras identidades de género. “Casi no hay información de estos colectivos. Por eso con el laboratorio quisimos llegar a esos grupos sub representados dentro de la industria. Que puedan tener tutorías de guion, de pitch (salir a vender la idea en el mercado), sumar herramientas de marketing y promoción, entre otras herramientas”, detalla Ragone.
Los seleccionados recibieron un impulso económico para poder empezar a generar trailers, presentarse en nuevos proyectos, empezar a producir. “Son personas que están ingresando, y te hacen muy buenas preguntas, con los pies bien puestos en la tierra. Quieren saber cómo capitalizar de la mejor manera esta oportunidad, muestran su pasión”, refuerza Ragone.
Lejos de ser una acción suelta, este laboratorio ya tuvo una precuela a principio de año, cuando las mismas instituciones habían convocado a un encuentro de networking federal de productoras para pensar actividades, ver cómo fortalecer la industria.
“Algunos de los participantes ya habían estado en esa instancia, y muchas retomaron proyectos que tenían dormidos luego de ese impulso. Siendo un momento tan reactivo a una mirada que no sea patriarcal, la acción fue un reto. Cuanto más desafiada está la industria, más ganas de filmar”, cuenta la tesorera, al mismo tiempo que pone en valor el tiempo aportado por los mentores. En este sentido, Netflix viene impulsando nuevos proyectos a nivel regional y local. “Creemos que es fundamental abrir espacio a voces diversas, provenientes de todos los rincones y contextos, que aporten nuevas miradas y narrativas auténticas.
El Fondo Netflix para la Equidad Creativa nace justamente con ese propósito: apoyar a talentos emergentes, brindarles formación y las herramientas necesarias para acceder a oportunidades reales dentro de la industria del entretenimiento”, afirma Pierre Emile Vandoorne, director de Asuntos Públicos de Netflix para Latinoamérica. “A través de este fondo buscamos crear nuevas vías de acceso y apoyar a organizaciones locales que ya trabajan por una industria más diversa. En la región articulamos esfuerzos con instituciones como CAIC en Argentina, la Academia Colombiana de Cine en Colombia y la Academia Nacional de Cine en Chile, entre otras. Todas ellas cuentan con una red sólida para identificar, formar y brindar oportunidades a talentos que aún no han encontrado su espacio en el sector. Nuestro compromiso es seguir acompañando a estas comunidades y contribuir al desarrollo de una industria más inclusiva y representativa en toda Latinoamérica”, suma Vandoorne.
Uno de los proyectos seleccionados es Mishis Star Espaciales, de Lissandro Cottone, director, y Giuliana Capricchioso, productora. Formada en la Universidad del Cine (incluso llegaron a ser profesor y alumna), esta dupla creativa eligió a la animación como medio de expresión. “Elegimos la animación porque es perfecta para contar aventuras, ciencia ficción”, dice Capricchioso, abriendo la puerta para adentrarnos en el universo de unos gatos que son domésticos, pero también alienígenas. La historia tiene un punto autorreferencial. “Cuando tenía 5 años, mi mamá adoptó un gato de la calle, y fue el que me acompañó mientras crecía. En el colegio me acosaban, y en ese proceso de ir descubriendo quién era siempre estuvo mi gato ahí, conmigo. Me acompañaba sin palabras. Y en el proyecto está su rebeldía (que me inspiró), su curiosidad. Por eso son alienígenas, porque pueden mirar con una mirada ajena”, relata Cottone. “Me interesó que el proyecto tenga animales como protagonistas, porque también tuvieron un rol importante en mi vida. Además, es una idea universal que se puede ver en diferentes lugares, y elegimos un método de animación (cutout) que proporciona una forma de realización más económica”, detalla Giuliana. Desde su rol de tutora, Muriel Cabeza, reconocida productora de cine, destaca que “es un proyecto único, una sorpresa. Tiene mucha vitalidad. Además, la dupla tiene ideas claras para el futuro, lo que también es interesante y un desafío”, indica, al mismo tiempo que cuenta cómo ya están usando las redes para buscar más fondos y poder avanzar en el desarrollo de los personales.
La otra dupla ganadora la conforman Hebe Estrabou, riojana, autora y directora, y María Eugenia Ferrer, cordobesa y productora. Ambas idearon Piel de durazno, un relato del interior del interior, situado en La Rioja. Desde allí cuentan las dificultades de un trabajador rural, que se complican aún más cuando queda viudo y se ve presionado por parte de su “patrón” a entregar a su hijo a otra familia. La inspiración no está en una biografía en particular, sino en muchas que están presentes en todo el territorio argentino. “Muchas historias que conozco, de amigos de la infancia, vecinos, compañeros de trabajo.
A cada uno que le cuento el proyecto me dice que conoce alguien que puede identificar con el film. Incluso una persona me dijo: ‘es mi historia’, y eso fue muy estremecedor”, cuenta Estrabou. “Es una temática que no se conoce tanto. Se la suele asociar con los bebés apropiados durante la última dictadura, pero hay gente en condiciones de extrema pobreza que tiene que dar sus hijos porque de otro modo no tiene cómo sobrevivir, que tomen decisiones que quizá no desean. Queremos concretar la película para visibilizar el tema”, añade María Eugenia. Lo cierto que es esta historia Hebe la tenía cajoneada desde el inicio de la pandemia, y cuando María Eugenia participó del encuentro de productoras que se dio a principios de este año, entonces eso le despertó las ganas de retomar el proyecto. “Si logran filmar la película, será la primera hecha en La Rioja y dirigida por una mujer”, advierte entusiasmado Juan Pablo Miller, su tutor y vicepresidente de CAIC. “Hay una oportunidad para las provincias para apoyar a las producciones audiovisuales ante la ausencia del INCAA. Por ejemplo, la serie de Menem fue relevante para la producción en La Rioja. No me van a robar las ganas de que me guste contar historias”, afirma con fortaleza María Eugenia.
Al mismo tiempo, Estrabou deja en claro la importancia para ella de permanecer en su provincia: “Podría haberme ido a la Ciudad de Buenos Aires, pero siempre iba a trabajar y volvía a La Rioja. Así me cueste todos los años que me cuesten, pero quiero filmar desde La Rioja. Y para esto, el Laboratorio fue una experiencia increíble”. “Todas las historias que participaron de las tutorías crecieron, y eso que las 8 ya estaban muy bien. Fue fundamental para darles el apoyo, pero también para alentar a que se presenten a otros concursos, porque ya tienen una cucarda. Ojalá podamos repetirlo en 20206”, concluye Miller.


