Queridos Reyes Magos:
Este año no voy a pedir juguetes, consumo ni milagros. Les escribo desde un México que trabaja, produce, sostiene a sus familias y aporta a la economía, pero que teme algo tan humano como inevitable: el futuro. Hoy, millones de personas no piden lujos… solo piden la tranquilidad de saber que, cuando llegue el momento de retirarse, no estarán solos ni condenados a la precariedad.
Porque la realidad no admite ilusión:
En México, el 54.5% de los trabajadores vive en la informalidad, fuera del sistema formal que les permitiría cotizar para su retiro. Apenas el 42.2% de la población cuenta con una AFORE, y la desigualdad también se refleja aquí: solo el 34.2% de las mujeres tiene una AFORE, frente al 51.4% de los hombres.
Sí, ha habido avances. El ahorro voluntario creció de 5.7% a 7.9% entre 2021 y 2024 y la digitalización abrió oportunidades: el uso de cuentas digitales para ahorrar pasó del 4.1% al 12.1%. Pero aún no es suficiente. Debemos aprovechar esta tendencia con políticas inteligentes.
Por eso, queridos Reyes Magos, mi petición no es mágica, pero sí urgente; es una propuesta seria:
Que la tecnología y las políticas públicas se pongan verdaderamente del lado de las personas. Que la inscripción automática a las AFORES sea realidad al tramitar el RFC o incorporarse al IMSS. Que los esquemas de ahorro voluntario funcionen con opt-out y no como una carrera de obstáculos. Que exista un Sistema Integral de Cuidados que permita a más mujeres permanecer en la fuerza laboral.
Y, sobre todo, que abramos la puerta a quienes hoy viven fuera del sistema formal. De los más de 11 millones de trabajadores informales, cerca de una tercera parte ya tiene ahorro para el retiro: ahí hay una enorme oportunidad si simplificamos procesos, fortalecemos educación financiera e impulsamos plataformas digitales que ya existen, pero necesitan mayor respaldo institucional.
Reyes Magos, esta carta no apela a la magia, sino a la voluntad colectiva. Porque construir un retiro digno no depende de un solo actor: requiere gobiernos que diseñen políticas inteligentes, instituciones financieras comprometidas, empresas que apuesten por la formalidad y ciudadanos conscientes de que el ahorro también es un acto de responsabilidad con el futuro.
México no necesita milagros; necesita acuerdos. Necesita decisiones valientes, coordinación y continuidad. Si algo podemos “pedir” este año no es que alguien más lo resuelva, sino que unamos capacidades, experiencias y recursos para que trabajar toda una vida signifique también poder vivirla con dignidad al final del camino.
Ese sería, sin duda, el regalo más valioso.



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